jueves, 13 de septiembre de 2012

El aroma de café




Jueves en la tarde, tengo una cita semanal con mis amigos en el café de la esquina cada jueves en la tarde. Hoy se me hizo tarde, antes de cruzar la calle los veo a través del vidrio como ríen, con el café en la mano conversan, algunas tazas grandes, otras pequeñas y un amigo que siempre decide tomar el café helado en una copa muy elegante, la levanta tal como si fuese un brindis. Cruzo la calle y entro al café. Al abrir la puerta llega a mí ese delicioso aroma que impregna mi ropa y mis sentidos, no soy catadora de café, pero tres años yendo al mismo café cada jueves en la tarde me hace reconocedora de sus olores.

Una nariz entrenada puede diferenciar en el café hasta 36 aromas, que van desde olores de tierra y tabaco, pasando por cedro, pimienta, mantequilla fresca, pan tostado y nuez.

Para descubrir los olores en una taza se requiere de práctica y tiempo, cada jueves en la tarde me entretengo en la conversa abierta con mis amigos, pero también me entrego a descubrir nuevos olores. Unas veces huele a vainilla, es un olor cálido, sensual, ligeramente mantecoso y sorprendentemente poderoso que se desprende de las vainas de la vainilla. Otras veces huele a pimienta, es un olor intenso, casi metálico, que se asocia con un sabor picante y ardiente.

Pero el de todos el que más me gusta es el olor a manzana, es un olor afrutado y fermentado de la manzana cuando se la pela. Sugiere una sensación de frescura en el paladar y un sabor discretamente dulce.

Oler al café es un proceso de adiestramiento y comparación, no soy una oledora profesional, pero he entrenado mis sentidos y creado un concepto claro en la diferencia entre un café bueno y uno malo.

Tal vez me disperso un poco cada jueves en la tarde, ser más olfativa que auditiva no me permite dar muchas opiniones, pero nunca cambio un jueves en la tarde sólo por estar cerca del aroma del café.

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